El sabor del amor.

Ver tus ojos es sentir que el tiempo se detiene. Es escuchar el aleteo de las mariposas. Sentir la dulzura de la miel bailando en mi boca. Es paz, es libertad. Es querer que me dejes sin suspirar.  Sentir que tus brazos son el mejor refugio donde puedo estar.

Conocerte es como conocer el universo, tocar las estrellas y sentirse dueño de ellas. Leer ese jajajaa y soñar en como se escuchará. Es paz, es libertad.

Migajas.

Al buscador de amor suele tener un inconveniente.

        Busca donde no debería.

Al ansiar ese cariño, las ilusiones suelen ser peligrosas. Conoces una persona y ya te haces un mundo. Esperas más de esa persona de lo que puede brindarte. Le impone una carga que no merece llevar y como resultado se alejan.

También en el camino te encuentran los que te dan lo que quieres por un interés. Comienzas a comprar su cariño. 

Cambias tu personalidad, le haces miles de regalos, todo por no perder esas migajas de amor.

Ajedrez.

Ella coloca su ficha y en su cara demuestra lo que piensa. Cree que ganará. Su felicidad no es ocultada. Su entrepierna se moja por la excitacion. Mueve sus piernas intentando ocultar lo que siente. Piensa que me tiene arrinconado. Cree que todo se trata de blanco y negro. Ese sentimiento de tener el poder la desborda.

Yo miro y mi interior se burla. Conozco esos gestos. Cada movimiento ya es familiar para mí. Llevo años jugando, ella es la novata del día. Dejo que se regocije. Cuando sienta su derrota será el momento de celebrar. Mueve la ficha, ella sonrie, yo analizo, el momento de acabarla está cerca. No se trata se cómo jugar sino de contra quién estas jugando. No soy la mansa abuelita, soy el lobo a punto de devorarte.

Solo me bastó verte una vez para saber que mi mundo no sería el mismo. El sentirme sin aire producto de tu mirada aumentaba mi ansiedad. Dejar de dormir ideando un plan para poder volar al ritmo de la melodía de tu voz.

Un salto de fe. Tomar toda mi falta de confianza y convertirla en fuerza de voluntad para poder acercarme y decirte «Hola».

Te impregnaste en mí y ahora no sé cómo hacerte salir. Intento marcharme, objetivo fallido. Trato de verte como amiga, me derrito cada ves que apareces.

Soy el culpable por ilucionarme. Acepto mi sentencia de muerte. Acepto que nada de lo que imaginé nunca podrá pasar.

La hipnosis de tus labios.

Cuando creia conocer lo magnífico del oceano, las delicadas formas de cada montaña, la hermosura de la inocencia de un niño, la calidez de un te amo, el sentirme poderoso, cuando creia conocer todo lo hermoso allí llegaste tú con tus labios.

Hipnotizandome.

Las flores comenzaron a reclamarme por lo perfecto y delicado que es el color del que estan hechos. No supe contestar.

A los lejos las montañas criticaban la forma de tus labios, decían que eran artificiales, productos de la intervención del hombre. No supe contestar.

Ya mis días no volvieron a ser iguales. Nada se compara a tus labios. Todo me parece aburrido, sin magia, monótono.

Me pregunto el por qué. No supe contestar.

Buscas a un chico que llegue tarde a casa con miles de escusas.  Que la manera de ganar una discusión sea gritandote. Que seas para el un objeto que ganó por suerte. Que tenga sexo contigo pero nunca te haga el amor. Que te vea como otro objeto del hogar que solo sirve para usarlo.

Lo siento, no puedo ofrecerte eso.

Él volvió.

Él desea constantemente tu arrepentimiento. Envía mensajes esperando que tu decisión sea anulada. Acepta utilizar todas las opciones con el fin de que vuelvas. Cree que con su sexo podría atraerte. Sirve sus palabras de amor intentando endulzarte. Dice lo que cree que deseas escuchar. Utiliza su cuerpo como arma mortal. Vocifera miles de promesas con el fin de atraerte. Pide compasión, perdón

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