Sagrada familia.

Ese sitio seguro.

No hay nada como él.

Eso de levantarse con el pie derecho son palabras vanas. El día no ofrece nuevas oportunidades.

Desánimo.

Pienso en la ardua decepción de saber que ese lugar que debería ser el mas cálido resulto ser el maldito palo norte. La falta de caricias. La ausencia de un «Te amo». Improperios es lo que llega a mi cabeza.

Desde pequeños intentan llenarnos de una deuda. Debemos pagarla aunque no recordamos el momento en que la adquirimos. Debemos la vida, debemos la crianza. Es su arma mortal en contra de nuestros reclamos.

Recuerdo cuando decidí buscar ayuda. No la encontré en ningúno de esos brazos conocidos.  Me pregunté cómo es posible que las palabras de un libro brinden mas amor.

Era tan complicado para ellos ver mis esfuerzos por hacer las cosas bien. Un poco de comprensión es imposible.

Es tan triste verme al espejo y sentir que lo único que pedí desde pequeño fue amor.

En ocasiones me pregunto por qué cometo tantos errores. Pero cómo no cometerlos si todo lo aprendí por cuenta propia. Aprendí con dolor, aprendí con fracasos, mentiras, abandono, intentándolo mil veces, aferrándome a cosas que me hacen daño.
Es complicado liberarse del dolor cuando no he conocido otra cosa aparte de eso.

Avistamiento.

Dolor, desesperación, rabia, envidia, Muerte.

La ventana me muestra un colorido paisaje, mi corazón prefiere obviarlo.

No recuerdo la ultima vez que me desborde de alegría, una sola vez me sentí acompañado. Ese recuerdo enciende una chispa que me hace desear volver a ese momento, cuando me sentía caliente, cuando mi risa retumbaba mis oídos. El hubiera hace presencia y el dolor regresa de nuevo.

En mi perspectiva mi vida esta llena de teclas negras, en ocasiones aparece una blanca pero muere, cede a la presión, al dolor.

Recuerdo las calles que transitaba diciendo dentro de mí «Vamos a luchar». Pero todo guerrero necesita tiempo para descansar de la guerra, necesita cerrar sus oídos y perderse en el silencio.

Ahora soy un montón de dolor y recuerdo del pasado.

Un día alguien comparó mi situación a un hoyo, un maldito y profundo hoyo. No pudo decirlo mejor, estoy hundido en este montón de porquería y sencillamente ya no sé que hacer. Siento que este es mi destino. Así nací, así moriré.

Mi almohada no desea albergar más lágrimas. Mis amigos no pueden comprenderme. El psicólogo solo da consejos leído de un libro autoayuda, Dios me declaró caso perdido. Así nací, así moriré.

Me falta el aliento, mi corazón no tiene fuerzas para latir, mi cuerpo ya no responde, el humo de aquel cigarro me ayuda a sacar un poco de dolor pero es momentáneo.

Mi único deseo es descansar.

Mi único castigo es la que no tengo el valor para hacerlo.

Haz todo lo que puedas.

Haré todo lo que esté en mi mano para ser libre. Sacaré mi sangre si es preciso.

Daré todo por lograr mis sueños. Iré a donde sea necesario.

No daré más ni menos. Solo daré lo máximo.

No me sentiré culpable por hacer menos. Solo me sentiré complacido por hacer lo que pude.

Si lo logro, celebraré. Si fracaso, celebraré porque di lo máximo.

No hagas suposiciones

Supuse que mi destino era sufrir eternamente por mis errores.

Supuse que no había nada interesante ni creativo en mí.

Supuse que todos eran mejores que yo.

Fue gratificante darme cuenta que si pienso «algo», no significa que ese «algo» sea cierto. La vida es mucho más de lo que tengo en mi cabeza.

Debo buscar la verdad. Debo buscar mi verdad. No debo suponer nada, debo buscar pruebas de todo lo que piense, luchar tenazmente con mis pensamientos. Mis juicios no siempre son ciertos.

Soy valioso. No soy un caso perdido.

No te lo tomes personalmente.

«Sufres de un complejo narcisista»

Cuando mencionó eso, me burlé interiormente de ella.

«Yo no soy narcisista». Pero después de que ella me explicara con detalle el término, caí en cuenta de que sí lo soy.

Solía pensar que la felicidad de los demás dependía de mí. Tenía la inmensa obligación de no cometer errores ya que podía destruir la «felicidad» de otros.

Pensaba que todo el mundo estaba pendiente de lo que hacia y por eso vigilaba con meticulosidad cada paso que daba. Y si cometía un error creaba juicios tan salvajes que parecían látigos con vidrios incrustados.

Al final del día, solo soy un simple humano que comete errores como todos. La felicidad de otros depende de sus propios actos y no de los mios. Debo aprender a correr sin pensar en otros. Debo buscar mi felicidad.

Sé Impecable con tus palabras.

Estoy cansado de juzgarme. Cada día me castigo con más severidad. Tengo que entender que cometo errores como cualquier humano.

Es tiempo de recordarme lo hermoso que soy. Gritarle a cualquiera lo mucho que valgo. Sentir que soy más que un pedazo de carne.

Es tiempo de desnudarme frente al espejo y sentirme orgulloso de mí mismo.

Lo que los demás piensan de mí es solo su punto de vista y no tiene que ser la verdad.

Valgo por lo que pienso de mí. Valgo por las palabras bonitas que me digo. Valgo por mis caricias.