El fondo

El fondo.

Te cansas del tormento, el dolor se hace profundo. Llega ese momento en que ya no puedes hundirte más, el único movimiento posible es salir. Pero no sabes cómo. Es difícil saber en quién confiar. Los caminos se multiplican y se restan. El saber el correcto es sumamente complicado. Hasta la muerte se convierte en una opción.

Te cansas de ese camino. Las lágrimas ya no son suficientes y aunque sabes que no tienes las fuerzas necesarias para salir, sabes que en algún lugar ese pequeño rayo de esperanza que tienes dentro de ti funcionará. Sientes que toda esa decepción dentro de ti debe ser transformadas en otra cosa. En este universo donde todos te han fallado. En este planeta donde nadie ha cumplido sus promesas. Solo quedas tú por levantarte.

Miras a tu alrededor y observas todas esas cosas por las cual vale la pena lucha. Te sientes dolido porque nunca nada ha tenido la suficiente fuerza para ayudarte a salir del hoyo. Dios se muestra mudo y lejano. Los amigos vieron la caída, las conversaciones sobre ella fueron extensas, la criticaron y su decisión fue marcharse. Los enemigos hicieron un festin al verte derrotado. La familia no comprendió y se alejó. El Psiquiatra vio mas fácil colocar en un papel «Clonacepam». Tú no soportabas estar contigo mismo y te abandonaste.  Sería más sencillo irse a un lugar lejano donde nadie te conozca y comenzar de cero o abandonar ese cuerpo lleno de inseguridad. 

Te sientes abrumado, ya no sabes que hacer.

Quizás ya no eres un humano, eres un cuerpo que se mueve por sin rumbo; o con rumbo a la destrucción . No quieres que sea así. No quieres morir. Este no puede ser el final. Pero el dolor a alcanzado inmenzas proporciones. Es necesario descansar. Los años han servido para volverte duro, insensible pero aún el dolor te ahoga. Ya no recuerdas ese ayer, ese momento donde no existía todo este dolor. Ahora te ves en ese maldito espejo y no te reconoces. 

Hay que tomar una decisión pero lo única posible es salir.

Tuve que admitirlo. Me levanté y dije «Sí». 

Estoy hundido en mi adicción. 

Sí pudieran ver dentro de ti, verían lo destruido que estas. Ha sido tan difícil para ti pero de dentro de ti hay esas inmenzas ganas de salir de ese agujero, esa necesidad de ser libre y romper cadenas. 

Para lograrlo necesitaras sudor y sangre.

El analizar todo el daño que has causado a otros no puede igualarse al que se haces a ti mismo. Estas roto. Todas esas lágrimas que fabricaste, esos reproches que has escuchado. Tantos desprecios, tanta lejanía. Nada puede calcular el dolor que sientes. 

Es complicado saber si culparte o a tu adicción. Quizás las peores consecuencias están todavía por llegar. Estas a punto de perderlo todo. Te sientes débil y desamparado.

Necesitas paz y eso solo te lo da la libertad. 

Cada día es un esfuerzo, cada esfuerzo una guerra, cada guerra significa dolor y sangre. Solo un sentimiento tan poderoso como el amor puede ayudarte a salir pero el miedo a volver a salir lastimado es mas fuerte. 

Las manos tiemblan de ansiedad por los momento de abstinencia y por temor de caer de nuevo, parece extraño  pero ya ni conoces tú propio cuerpo. Durante tanto tiempo le diste lo que tú adicción decía que necesitaba pensando que era la mejor manera de hacerlo feliz pero al final solo lo volviste esclavo de tus deseos. 

Para salir del hoyo primero debes dejar de cavar. 

Debes quitarte la venda. Ha sido creado un monstruo dentro de ti. Un monstruo que deseas encerrar pero él solo desea seguir acabando tu existencia. Está hambriento. A su lado estas tú. Un niño que llora por misericordia, por una oportunidad. Él está roto y se le ha quitado lo único que le daba paz y tranquilidad.

Es un titán. Duele luchar contra él. La desesperación te abraza. Temes que vuelva con más fuerza. Duele. Te ahogas, ojalá solo pudieras gritar todo eso que sientes, eso que te ahoga. En ocasiones solo queda cerrar los ojos y viajar entre historias inventadas. Historias que donde tienes el control, donde la felicidad es la única posibilidad. Decides adentrarte, vivir, hacer una vida allí., amar, celebrar. Pero siempre toca despertar y regresar al dolor, la depresión te hunde más. La salida se visualiza más lejana.

El acto.

El acto.

Está llamando. Cada sonido, cada sensación es una invitación. Esa voz se vuelve un inmenzo grito, esos gritos en una pesadilla. Debes hacerlo, es tu destino. Está frente a ti, tan real, tan vivo. Decides ir y entregarte sin pensar en las consecuencias. Las sensaciones van y suben hasta hacerte explotar. Problemas, miedos, pasado, presente y futuro son silenciados. El tiempo decide detenerse. No hay más que ese momento. 

Esa adicción siempre ha tratado de poder, de manipulación. 

Despiertas y te recibe el dolor, rencor. Todo ese glorioso momento hace que choques con la realidad de nuevo. Nunca te das cuenta que en este juego el único que siempre pierde eres tú. Toda esa ventaja que sediste en este tablero te está costando mucho recuperarla. Ese tablero es tu vida y los únicos jugadores son tú y tu adicción. Él lanza sus fichas y te mira con atención, sonríe al ver tu reacción. 

Parte de todo es intentar escapar y sentirte más capturado. Las cadenas son fuertes y pesadas. Todo está tan oscuro, frío, triste.

Duele, arde. Las lágrimas son compañía. Un ser herido y enfermo grita dentro de ti. ¿Puedes oírlo?, ¿Puedes sentirlo? Allí está , se ahoga. Alma y espíritu se  vuelven uno. Cada día es muerte. Cada caída se vuelve un infierno. Te cambia, se vuelve insoportable. 

Está llamando. Te promete llenar todos tus vacíos, eliminar tristezas. Sus promesas no tienen limites. Quizas es todo poderoso. Es más sencillo creerle, decides lanzarte a sus brazos. Conoces el resulltado pero es imposible rechazar su hipnotizante llamado. Te conviertes en su prostituta. Eres usada y desechada, usada y desechada. Pierdes todo valor. Mueres cada día un poco más.

Tus sentidos se encienden al máximo; cada sabor, olor o textura incita ese fuerte deseo de caer, pide a gritos tropezar de nuevo. La llama interior aumenta, el corazón se acelera. El cuerpo reacciona involuntariamente. La cordura parece un barco golpeado por violentas olas. Mis pensamientos no ayudan, siguen a su líder. Todo se dirige a lo que quiero evitar. 

Es una lucha de mente y espíritu. 

Las derrotas dejan heridas muy profundas. La costumbre hace que no duelan.

Vives a merced del dolor.

Cuando intentas dejarlo el malestar es terrible. Los deseos de morir se muestran como una salida más sencilla.

Será que el pensar que lo que te ofrece la adicción es tan hermoso que el mero hecho de escucharlo se vuelve irresistible no tenerlo. Un calmante inmediato para el dolor, un contador infalible. ¿Es eso todo?

La caída.

La caída .

El simple hecho de pensar en caer es atrayente, seductor. La costumbre lo hace menos doloroso. Una vez al mes se vuelve tres veces al día. El decir «No» se vuelve casi imposible. Sin darte cuenta estas allí, es inexplicable. Te miras al espejo y sabes que estas atrapado. Ese espejo te denuncia. Entregarte por completo es un consejo que se pasea por tu mente.

Está oscuro. El frío congela tus huesos. El silencio te deja sordo. La soledad quema.

Muy dentro sientes que estas atrapado porque te lo mereces. La culpa decide visitarte.
Haces recuento de todos los factores que llevaron este momento. Visualizar dónde comenzó es inalcanzable, contarlos una tarea titánica. Familiares, amigos, cocicidos ,jefes. Todos salen a relucir. El alma se destroza, dice que es momento de parar. Ves a tu derecha y a tu izquierda. No hay nadie, poco a poco haz perdido todo, hasta te haz perdido tú. Lagrimas salen a saludarte. Hay algo quebrado dentro de ti, algo que grita por ayuda, algo que grita por expiación, por una oportunidad.

En ocasiones todo se trata de silenciar el dolor, en el espejo la desesperación es tu gobernante. Mientras para muchos solo eres el protagonista de un espectaculo romano para ti cada sensación es un universo distinto.

No sabes dónde comenzó ni dónde terminará.

Avistamiento.

Dolor, desesperación, rabia, envidia, Muerte.

La ventana me muestra un colorido paisaje, mi corazón prefiere obviarlo.

No recuerdo la ultima vez que me desborde de alegría, una sola vez me sentí acompañado. Ese recuerdo enciende una chispa que me hace desear volver a ese momento, cuando me sentía caliente, cuando mi risa retumbaba mis oídos. El hubiera hace presencia y el dolor regresa de nuevo.

En mi perspectiva mi vida esta llena de teclas negras, en ocasiones aparece una blanca pero muere, cede a la presión, al dolor.

Recuerdo las calles que transitaba diciendo dentro de mí «Vamos a luchar». Pero todo guerrero necesita tiempo para descansar de la guerra, necesita cerrar sus oídos y perderse en el silencio.

Ahora soy un montón de dolor y recuerdo del pasado.

Un día alguien comparó mi situación a un hoyo, un maldito y profundo hoyo. No pudo decirlo mejor, estoy hundido en este montón de porquería y sencillamente ya no sé que hacer. Siento que este es mi destino. Así nací, así moriré.

Mi almohada no desea albergar más lágrimas. Mis amigos no pueden comprenderme. El psicólogo solo da consejos leído de un libro autoayuda, Dios me declaró caso perdido. Así nací, así moriré.

Me falta el aliento, mi corazón no tiene fuerzas para latir, mi cuerpo ya no responde, el humo de aquel cigarro me ayuda a sacar un poco de dolor pero es momentáneo.

Mi único deseo es descansar.

Mi único castigo es la que no tengo el valor para hacerlo.

Volar

Apenas sentí esa extraña electricidad al tocarme, esa primera vez que la confusión me alimentaba, supe que habia algo especial.

La masturbación me llevaba a lugares inexplorados. Me brindaba sensaciones nuevas, un momento sin pensamiento. 

Todo mi cuerpo se estremecía, sabia que habia encontrado el amor.
Luego en el momento mas espectacular me quedé sin aire, sentía que me iluminaba.  No podía aguantar más, allí apareció la maravilla.

Boom!

Dicen que los mejores momentos duran poco tiempo, me aferré a eso.

Quizás eso tan extraño que había descubierto era parte del plan divino para no necesitar del amor de otros.

Poco a poco lo que comenzó como un gesto de amor semanal se volvió un gesto diario. Me volví dependiente. Se volvieron tres, cuatro, cinco veces al día.

Ese amor tan especial que habia encontrado se esfumaba con el orgasmo. El vacío volvia, se acompañaba con el cansancio y la ansiedad. 

Era un falso amor.

Ajedrez.

Ella coloca su ficha y en su cara demuestra lo que piensa. Cree que ganará. Su felicidad no es ocultada. Su entrepierna se moja por la excitacion. Mueve sus piernas intentando ocultar lo que siente. Piensa que me tiene arrinconado. Cree que todo se trata de blanco y negro. Ese sentimiento de tener el poder la desborda.

Yo miro y mi interior se burla. Conozco esos gestos. Cada movimiento ya es familiar para mí. Llevo años jugando, ella es la novata del día. Dejo que se regocije. Cuando sienta su derrota será el momento de celebrar. Mueve la ficha, ella sonrie, yo analizo, el momento de acabarla está cerca. No se trata se cómo jugar sino de contra quién estas jugando. No soy la mansa abuelita, soy el lobo a punto de devorarte.

El problema no es cambiar, el problema es todo el dolor que debes pasar para poder hacerlo.
La ansiedad de la ausencia, el inmenso espacio vacío por llenar.
No tener la valentía de gritar, no tener la humildad para llorar.
Sientes la derrota cerca, la victoria se aleja cada día mas.
La vergüenza se adueña de tu vida. No existen las fuerzas para buscar ayuda.
Como enfermo terminal sientes dictada tu sentencia.

Un día a la vez.

Estas guerras internas son muy extrañas.

Al final solo esperas el momento del orgasmo para que pueda salir lo que realmente eres.

Me desnudo frente al espejo y me cuesta inmensamente decir te amo. Este divorcio emocional
conmigo mismo me desborda.

Miles de fantasías visitan mi cabeza mostrándome cómo podría ser mi mundo. Pero siempre
regreso a la horripilante realidad

Es mas sencillo amar a otro que amarse a uno mismo. Es mas fácil cogerse a otro que cogerse a
uno mismo.

Se cual es el camino correcto. Pero no es sencillo transitarlo.
Quizás entregarme a mis demonios sea lo más fácil. Sería un placer presente pero
momentáneo.

He comenzado a meditar. Eso me calma mucho. Todavia queda muchas batallas para poder
ganar esta guerra.

Un día a la vez.

Hipócritas

La inmensurable carga que impone la sociedad y la religión es demasiado pesada.
Viven en una intensa e hipócrita critica a lo «moralmente» correcto.
Navego entre calles viendo bien que actúan todos. Se avergüenzan al escuchar las palabras
«pene», «vagina», prefieren ponerles sobrenombres menos vergonzosos.
Hipócritas.
Afirman que se preocupan por ti, pero lo único que desean es tener a alguien de quien hablar.
Critican acciones pero son incapaces de interesarse por el motivo por el cual las realizas.
Corro a interesarme por una chica mucho menor que yo y comenzo a escuchar el enorme
cotilleo en mi contra.
Malditos hipócritas.
Por su culpa tengo miedo de buscar ayuda. Tengo miedo de admitir que soy un adicto.
Me toca tragarme lo que siento y morir cada día un poco mas.
Hoy solo pues contar dos.