Solo me bastó verte una vez para saber que mi mundo no sería el mismo. El sentirme sin aire producto de tu mirada aumentaba mi ansiedad. Dejar de dormir ideando un plan para poder volar al ritmo de la melodía de tu voz.

Un salto de fe. Tomar toda mi falta de confianza y convertirla en fuerza de voluntad para poder acercarme y decirte «Hola».

Te impregnaste en mí y ahora no sé cómo hacerte salir. Intento marcharme, objetivo fallido. Trato de verte como amiga, me derrito cada ves que apareces.

Soy el culpable por ilucionarme. Acepto mi sentencia de muerte. Acepto que nada de lo que imaginé nunca podrá pasar.

Es tan difícil decir adiós.

Me di cuenta que ya no vale la pena esperar que me regales un poco de tu tiempo.

El tiempo pasa y sigo siendo invisible para ti. No me puedo pasar toda la vida esperando por ti.

Me duele verte pasar y que seas incapaz de regalarme una mirada.

Es tiempo de dejarte partir. Es el momento de ver la realidad. Sé que no soy ni una pizca de lo que buscas.

Ya no sé que inventar para llamar tu atención. Me encantas y mucho. Pero prefiero partir que seguir hiriéndome cada dia. Te dejo en paz. Lo siento.

Tu secreto.

Me cansé de estar en secreto.

Sólo quiero ser el dueño de tus besos. Nuestro tiempo aquí no es eterno, no debemos esperar que llegue el ultimo momento.

El reloj suena. El frio se vuelve parte de nosotros. Correr a tu lado parece la única opción.

En el fondo sé que conoces mi identidad, soy tu secreto a voces.
Soy un pobre cobarde que no se atreve a gritarte todo lo que siente.

Teme tu rechazo. Moriría de dolor si dices que no.

Prefiero vivir de ilusiones que morir en tu verdad.

Adios

Me duele en el alma y tu ida, pensar que extrañaré tu calor y tu sonrisa. Escucho tu respirar y siento como la soledad toca mi puerta. Esta despedida rompe mi corazón y lo llena de dolor.

No quiero que estas malditas lagrimas me ahoguen pero ver tu maleta en la puerta hara que me desborde.

Espero que no me olvides, que sepas que aqui siempre habrá un tonto que muere por tu cariño. Mira como me arrodilló ante Dios pidiendo que no ocurra tu horrible adiós.
Volveré aguardar mi corazón en ese cofre de donde nunca debió salir. Es el tiempo de comenzar a huir, de la soledad comenzar a escabullirme.

Cómo huir de tu ausencia. Bajaré al seol sin reparo pero antes tomaré un ultimo trago, brindaré por lo que vivimos, por los hijos que no nacieron, por los aniversarios donde reimos hasta el cansancio, ese besos donde el único el enemigo era el amanecer.

Tocaré mi guitarra hasta mis dedos hacer sangrar. Es difícil imaginar escuchar las canciones que antes te dedicaba.

Diez años a la candela o quizás los deberíamos enterrar. Qué hacer con todos estos secretos.

Haré mi propio cementerio de fotos.

Adiós.

El verdadero amor.

BUEN DIA - EL AMOR AGAPE

El amor no divulgue con palabras, ven y demuéstramelo con hechos.

Cuando me marché tú indiferencia me marcó. Me sentí vacio y desahuciado. Te dije que me marchaba y solo dijiste «ok». Impactado estaba, me negaba a creerlo. Pero todo era cierto.

Llegué a mi destino. Comencé mi nueva vida sin nada. Solo llevé heridas profundas.

Recibí muchas críticas ya que no te extrañaba, en realidad ni te recordaba. Me decían mal agradecido. Decidí mandarlos a todos a la mierda.

Conocí a personas hermosas. Me tropecé con cerrados de mentes. Personas quebradas emocionalmente. Probé las mieles de la hipocresía, del interés, la mentira, la envidia, el odio, la venganza, el amor sincero, dar todo sin interés. Todas colocaron sus granitos de arena en mi nueva escultura.
Después de tanto tiempo. Después de tanto trabajar. Encontré ese refugió que creía que no existía.

Un refugio desinteresado. Amable, bondadoso y sincero. No podía creerlo. Me sentí amado, apreciado.

Me adentré en ese refugio. Navegue en sus aguas. Fui feliz.
Llego el momento de la realidad. Tuve que reencontrarme con ese viejo lugar que había dejado atrás.

Ahora veía todo diferente. Se lo que valgo. Reconozco la hipocresía. Puedo decir que no.

Espero muy dentro de mi corazón no olvidar ese refugio. Guardarle un espacio especial dentro de mi alma por siempre.

La Playa.

Hace diez años conocí a una chica muy especial. Y aunque ha pasado mucho tiempo todavía me pregunto cómo pudo suceder que con sus palabras mi alma lograra enloquecer.

Las olas danzaban en aquella playa en que tus labios conocí. Seria inútil si aquella playa intentara describir. Era un día hermoso, no lo interrumpía ninguna duda ni pasado gris.

En la inmensidad de esa orilla llena de arena, no existía roca capaz de detener nuestro amor. Mis manos no dejaban de maravillarse con la suavidad de tu espalda, ellas soñaban con el momento de seguir bajando y posarse en tus nalgas.

Entramos al mar y las olas nos separaban pero nuestras manos insistían en reencontrarse.

Allí mojados no podía separarte de mis brazos. Cuantas historias imaginamos. Cuantos futuros inventamos, quizás con tres hijos y dos gatos.

Recuerdo cuantas canciones nos dedicamos al oído. No se atrevía a molestarnos ningún ruido. Canciones sobre amor y esperanza pero nunca de olvido. Es que no queríamos ni imaginar ese suicidio.

Por nuestra mente nunca pasó que esto acabara y menos que ese inmenso tsunami con la nuestro terminara. Estaba ahogado, no podía mirar sí estabas mi lado. Me asusté al no encontrarte.

Comencé a nadar sin rumbo, me hundí como un buzo. Solo quería encontrarte.

Nadé y nadé pero aunque gasté todas mis energías no te encontré. Comencé a gritar pidiendo auxilio pero a nadie hallé.

Así pasaron los días, de lunes a viernes, de enero a diciembre. Decidí hacer una casita en aquella playa para esperar con comodidad el día en el que el mar te regrese.

Ya han pasado diez años y aun sigo aquí sentado. Ya me han salido algunas canas y gasté todo lo que habíamos ahorrado. Ya estoy perdiendo la esperanza de volver a besar tus labios.

La Playa.

Hace diez años conocí a una chica muy especial. Y aunque ha pasado mucho tiempo todavía me pregunto cómo pudo suceder que con sus palabras mi alma lograra enloquecer.

Las olas danzaban en aquella playa en que tus labios conocí. Seria inútil si aquella playa intentara describir. Era un día hermoso, no lo interrumpía ninguna duda ni pasado gris.

En la inmensidad de esa orilla llena de arena, no existía roca capaz de detener nuestro amor. Mis manos no dejaban de maravillarse con la suavidad de tu espalda, ellas soñaban con el momento de seguir bajando y posarse en tus nalgas.

Entramos al mar y las olas nos separaban pero nuestras manos insistían en reencontrarse.

Allí mojados no podía separarte de mis brazos. Cuantas historias imaginamos. Cuantos futuros inventamos, quizás con tres hijos y dos gatos.

Recuerdo cuantas canciones nos dedicamos al oído. No se atrevía a molestarnos ningún ruido. Canciones sobre amor y esperanza pero nunca de olvido. Es que no queríamos ni imaginar ese suicidio.

Por nuestra mente nunca pasó que esto acabara y menos que ese inmenso tsunami con la nuestro terminara. Estaba ahogado, no podía mirar sí estabas mi lado. Me asusté al no encontrarte.

Comencé a nadar sin rumbo, me hundí como un buzo. Solo quería encontrarte.

Nadé y nadé pero aunque gasté todas mis energías no te encontré. Comencé a gritar pidiendo auxilio pero a nadie hallé.

Así pasaron los días, de lunes a viernes, de enero a diciembre. Decidí hacer una casita en aquella playa para esperar con comodidad el día en el que el mar te regrese.

Ya han pasado diez años y aun sigo aquí sentado. Ya me han salido algunas canas y gasté todo lo que habíamos ahorrado. Ya estoy perdiendo la esperanza de volver a besar tus labios.

Soñando en rojo

Anoche soñé con tu sonrisa. Soñé con él hermoso mirar de tus ojos. No podía entender el efecto que causabas en mi sueño, pero era algo mágico.

Te encontré llorando frente a la universidad. Decías que él terminó contigo. Secabas tus lágrimas con tus largas trenzas rojas. Llorabas sobre una almohada. Yo tomaba leche y se me cayó encima de tu almohada.

Prometí lavarla y así lo hize.

Curiosamente aparecimos sentados uno al lado del otro tocando un hermoso piano blanco. Mientras tocábamos volteé a verte y perdí él aliento al ver tus dulces y delicadas pecas. El sonido de cada tecla causaba una inmensa cantidad de sensaciones.

Luego nos encontrábamos en un zoológico. Era extraño. Parecía una casa con muchos pasillos y en cada habitación había un animal diferente. Caballos del tamaño de ratones, tigres del tamaño de un elefante.

Caminando en aquellos pasillos, decidí tomarte de la mano. Tú me miraste sorprendida. Pero sonreiste y bajaste tu mirada.

Boom! Me desperté.