El inmigrante volvió.

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Acabo de regresar a mi país (Venezuela). Miles de moscas me rondan. Conozco sus intensiones. Piensan que traigo mucho dinero del extranjero. Ven que traigo celular nuevo y sus ojos salen de su órbita.

Idiotas.

No saben que traigo algo mas importante.

Me traje a mí mismo.

Ser inmigrante no es un cuento de hadas. El sueño americano es una mierda.
Afuera obtuve más enseñanzas que dinero.

Aprendí el verdadero valor del duro trabajo. A comprar cosas sudándomelas hasta el cansancio.

Aprendí el verdadero valor de tenerme a mí mismo. A reír de mis victorias, a consolarme mis derrotas.

Conocí las caras de la hipocresía. Ese «hermano» que su único propósito es chuparte como sanguijuelas.

Vi lo que significa dar sin esperar nada a cambio. Conocí que el verdadero amor no se encuentra únicamente en una pareja. Recuperé la esperanza en la humanidad.
Conocí el capitalismo, el consumismo. Ya puedo juzgar con bases y no solo de oídas.

Mi vocabulario aumentó en gran manera.

Aprendí que no necesitas ser millonario para ser hospitalario. Con un vaso de agua basta.

Vi mi verdadero poder.

Me atreví a invitar a una chica a salir y acepto.

Deje a mi pasado atrás por un momento.

Personas que no me conocían me enseñaron lo que es el verdadero amor.

Lloré al despedirme por primera vez.

Lloraron por mi.

Dije muchas groserías sin sentirme mal.

Alquilé mi primera casa. Compré mis primeros enseres. Sentí lo que es decir «Esto es mío».

Di el máximo y triunfé.

Barranquillera.

El calor es parte de ella. Le encanta hacerle saber a los demás que tiene algo que tiene todos desean.

Mueve el cuerpo al ritmo de una canción que de forma subliminal invita al sexo.

Mira a los ojos a su víctima sabiendo que es inevitable escapar.

En medio de sus piernas hay dos labios esperando ser besados. Ama dejar poco a la imaginación. Sube sus dedos a través de sus piernas invitando al placer.

Ella sabe lo que causa en el sexo opuesto. Le fascina enseñar su piel; usa decote intentando subir la temperatura del espectador, apenas cubre hasta debajo de sus muslos invitando a cualquier incauto a caer en sus redes.

Así es ella. Ama ser admirada. Ama ser deseada. Ama la sensualidad.

Así son las mujeres de Barranquilla (Colombia).