La hipnosis de tus labios.

Cuando creia conocer lo magnífico del oceano, las delicadas formas de cada montaña, la hermosura de la inocencia de un niño, la calidez de un te amo, el sentirme poderoso, cuando creia conocer todo lo hermoso allí llegaste tú con tus labios.

Hipnotizandome.

Las flores comenzaron a reclamarme por lo perfecto y delicado que es el color del que estan hechos. No supe contestar.

A los lejos las montañas criticaban la forma de tus labios, decían que eran artificiales, productos de la intervención del hombre. No supe contestar.

Ya mis días no volvieron a ser iguales. Nada se compara a tus labios. Todo me parece aburrido, sin magia, monótono.

Me pregunto el por qué. No supe contestar.

La Cura

Sabemos lo que necesitamos. Aunque nos duela tenemos que admitirlo.
Buscamos la manera de remplazarlo. En esta larga carretera llamada vida buscamos sanar nuestro dolor con pomadas momentáneas, pero preferimos no curar la herida.

Buscamos dopar nuestro dolor con drogas, sexo, dinero. Muchos hasta compramos compañía.

Llega el momento en que lo que realmente necesitamos queda oculto en nuestra adicción.

Nos hace sentir cómodos, valientes, fuera de esta realidad. Nos preguntamos a diario por qué algo tan hermoso al final nos hace daño tambien.

Nos entregamos al vicio sin condiciones.
Callamos nuestra humana necesidad con parches momentáneos.

Todos los humanos necesitamos sentirnos amados y aceptados. Eso sumado a otros problemas nos hace hundirnos.

Estamos acostumbrados a no prestar atención a las causas.
Si nos duele cualquier parte de nuestro cuerpo tomamos algo para quitarlo.

Si tenemos fiebre, tomamos algo para bajarla.
Nunca buscamos atacar la causa, solo calmamos el efecto.
Cuando llega el momento de querer dejar la adicción, nos damos cuenta que caemos, caemos y caemos. Sufrimos por eso y sentimos que estamos en un hueco del cual no podemos salir.

Hay que darse cuenta que toda adicción es sencillamente un efecto y para salir hay que atacar la causa.

Al ver tu mirada creí encontrar la solucion a mis problemas. Tu sonrisa me llevo a nuevos limites. Tus caricias daban descanzo a mi desgastada alma.

Creí encontrar en tu amor la salvacion de mi alma.

Me diste lo mejor de ti. Te entregaste sin condiciones.

No tenias ningun interes. Fuiste sincera. Fuiste lo que nunca nadie habia hecho.

Contigo no necesitaba de sexo. No necesitaba ser el mejor.

Me has enseñado a caminar.

La Playa.

Hace diez años conocí a una chica muy especial. Y aunque ha pasado mucho tiempo todavía me pregunto cómo pudo suceder que con sus palabras mi alma lograra enloquecer.

Las olas danzaban en aquella playa en que tus labios conocí. Seria inútil si aquella playa intentara describir. Era un día hermoso, no lo interrumpía ninguna duda ni pasado gris.

En la inmensidad de esa orilla llena de arena, no existía roca capaz de detener nuestro amor. Mis manos no dejaban de maravillarse con la suavidad de tu espalda, ellas soñaban con el momento de seguir bajando y posarse en tus nalgas.

Entramos al mar y las olas nos separaban pero nuestras manos insistían en reencontrarse.

Allí mojados no podía separarte de mis brazos. Cuantas historias imaginamos. Cuantos futuros inventamos, quizás con tres hijos y dos gatos.

Recuerdo cuantas canciones nos dedicamos al oído. No se atrevía a molestarnos ningún ruido. Canciones sobre amor y esperanza pero nunca de olvido. Es que no queríamos ni imaginar ese suicidio.

Por nuestra mente nunca pasó que esto acabara y menos que ese inmenso tsunami con la nuestro terminara. Estaba ahogado, no podía mirar sí estabas mi lado. Me asusté al no encontrarte.

Comencé a nadar sin rumbo, me hundí como un buzo. Solo quería encontrarte.

Nadé y nadé pero aunque gasté todas mis energías no te encontré. Comencé a gritar pidiendo auxilio pero a nadie hallé.

Así pasaron los días, de lunes a viernes, de enero a diciembre. Decidí hacer una casita en aquella playa para esperar con comodidad el día en el que el mar te regrese.

Ya han pasado diez años y aun sigo aquí sentado. Ya me han salido algunas canas y gasté todo lo que habíamos ahorrado. Ya estoy perdiendo la esperanza de volver a besar tus labios.

La Playa.

Hace diez años conocí a una chica muy especial. Y aunque ha pasado mucho tiempo todavía me pregunto cómo pudo suceder que con sus palabras mi alma lograra enloquecer.

Las olas danzaban en aquella playa en que tus labios conocí. Seria inútil si aquella playa intentara describir. Era un día hermoso, no lo interrumpía ninguna duda ni pasado gris.

En la inmensidad de esa orilla llena de arena, no existía roca capaz de detener nuestro amor. Mis manos no dejaban de maravillarse con la suavidad de tu espalda, ellas soñaban con el momento de seguir bajando y posarse en tus nalgas.

Entramos al mar y las olas nos separaban pero nuestras manos insistían en reencontrarse.

Allí mojados no podía separarte de mis brazos. Cuantas historias imaginamos. Cuantos futuros inventamos, quizás con tres hijos y dos gatos.

Recuerdo cuantas canciones nos dedicamos al oído. No se atrevía a molestarnos ningún ruido. Canciones sobre amor y esperanza pero nunca de olvido. Es que no queríamos ni imaginar ese suicidio.

Por nuestra mente nunca pasó que esto acabara y menos que ese inmenso tsunami con la nuestro terminara. Estaba ahogado, no podía mirar sí estabas mi lado. Me asusté al no encontrarte.

Comencé a nadar sin rumbo, me hundí como un buzo. Solo quería encontrarte.

Nadé y nadé pero aunque gasté todas mis energías no te encontré. Comencé a gritar pidiendo auxilio pero a nadie hallé.

Así pasaron los días, de lunes a viernes, de enero a diciembre. Decidí hacer una casita en aquella playa para esperar con comodidad el día en el que el mar te regrese.

Ya han pasado diez años y aun sigo aquí sentado. Ya me han salido algunas canas y gasté todo lo que habíamos ahorrado. Ya estoy perdiendo la esperanza de volver a besar tus labios.