Feliz año nuevo.

En ocasiones la cabeza me pregunto brevemente lo que será de mi vida el año que viene. Hace 2 años me encontraba de mi país primera vez estaba en Colombia tratando de superar Dolores del pasado intentando ser una nueva persona que el dolor que tanto me habías ahogado fuera parte del pasado. Hace un año estaba en Perú buscando todavía mi gran sueño luchando con mi espada dejarme caer intentando que la vida sea un motivo para vivir y que la muerte sólo sea un sonido lejano. Hoy estoy en Brasil las cosas han mejorado mucho, pero las batallas No termina están ahí, esperando que yo pierda la guerra dónde estaré mañana es una incógnita, Dónde está el próximo mes, una inmensa interrogante, Dónde está el año que viene, seguiré aquí luchando por mi vida, luchando por mi.

El saber

Quizás porque estés a lo lejos, quizás porque la vida sea más simple para ti o quizás la vida no sea tan buena para los dos, pero tú y yo sabemos que en el fondo, muy en el fondo, estamos conectados. Más que por la profundidad estamos conectados por este sentimiento, tú lo sabes, yo lo sé, ambos lo Sabemos. .

Ronquidos

El estruendoso sonido de tu profundo sueño me avisa que nada está bien. Oir la paz que respiran sus almas. Ver como Morfeo los acepta dandoles su bendición es terrorifico.

Yo miro a los lados sin encontrar seguridad, no puedo nisiquiera llorar. Mi dolor es terrible, se agudiza a pasos agigantados.

Se ve tan facil el proceso de cerrar los ojos y rendirse ante el sueño. Para mi eso es una tarea titanica. Él huye de mi, me hace sufrir sin mostrar nada de compasión.

Ojalá fuera un robot y tuviera el boton apagar.

La suplica.

Quizás la unica suplica escuchada es aquella que viene del un alma destrozada. Cuando ya no hay más dolor que sentir y los caminos posibles ya han sido transitados sin ningún resultado.

Ese llanto, esos gritos que no han sido expresados estan allí, tan vivos, son tan reales que su tortura es eterna.

Esa suplica aparece. Quizás es para Dios o cualquier ser que desee mostrar misericordia. Untamos nuestras ultimas gotas de esperanza y las expresamos. Podemos utilizar muchos conductos: palabras que ni nosotros entendemos, lagrimas cargadas de miles de kilos de dolor o aquellos pensamientos que pasan cok tanta rapidez que es imposible analizar.

Sagrada familia.

Ese sitio seguro.

No hay nada como él.

Eso de levantarse con el pie derecho son palabras vanas. El día no ofrece nuevas oportunidades.

Desánimo.

Pienso en la ardua decepción de saber que ese lugar que debería ser el mas cálido resulto ser el maldito palo norte. La falta de caricias. La ausencia de un «Te amo». Improperios es lo que llega a mi cabeza.

Desde pequeños intentan llenarnos de una deuda. Debemos pagarla aunque no recordamos el momento en que la adquirimos. Debemos la vida, debemos la crianza. Es su arma mortal en contra de nuestros reclamos.

Recuerdo cuando decidí buscar ayuda. No la encontré en ningúno de esos brazos conocidos.  Me pregunté cómo es posible que las palabras de un libro brinden mas amor.

Era tan complicado para ellos ver mis esfuerzos por hacer las cosas bien. Un poco de comprensión es imposible.

Es tan triste verme al espejo y sentir que lo único que pedí desde pequeño fue amor.

En ocasiones me pregunto por qué cometo tantos errores. Pero cómo no cometerlos si todo lo aprendí por cuenta propia. Aprendí con dolor, aprendí con fracasos, mentiras, abandono, intentándolo mil veces, aferrándome a cosas que me hacen daño.
Es complicado liberarse del dolor cuando no he conocido otra cosa aparte de eso.

Avistamiento.

Dolor, desesperación, rabia, envidia, Muerte.

La ventana me muestra un colorido paisaje, mi corazón prefiere obviarlo.

No recuerdo la ultima vez que me desborde de alegría, una sola vez me sentí acompañado. Ese recuerdo enciende una chispa que me hace desear volver a ese momento, cuando me sentía caliente, cuando mi risa retumbaba mis oídos. El hubiera hace presencia y el dolor regresa de nuevo.

En mi perspectiva mi vida esta llena de teclas negras, en ocasiones aparece una blanca pero muere, cede a la presión, al dolor.

Recuerdo las calles que transitaba diciendo dentro de mí «Vamos a luchar». Pero todo guerrero necesita tiempo para descansar de la guerra, necesita cerrar sus oídos y perderse en el silencio.

Ahora soy un montón de dolor y recuerdo del pasado.

Un día alguien comparó mi situación a un hoyo, un maldito y profundo hoyo. No pudo decirlo mejor, estoy hundido en este montón de porquería y sencillamente ya no sé que hacer. Siento que este es mi destino. Así nací, así moriré.

Mi almohada no desea albergar más lágrimas. Mis amigos no pueden comprenderme. El psicólogo solo da consejos leído de un libro autoayuda, Dios me declaró caso perdido. Así nací, así moriré.

Me falta el aliento, mi corazón no tiene fuerzas para latir, mi cuerpo ya no responde, el humo de aquel cigarro me ayuda a sacar un poco de dolor pero es momentáneo.

Mi único deseo es descansar.

Mi único castigo es la que no tengo el valor para hacerlo.