La Cura

Sabemos lo que necesitamos. Aunque nos duela tenemos que admitirlo.
Buscamos la manera de remplazarlo. En esta larga carretera llamada vida buscamos sanar nuestro dolor con pomadas momentáneas, pero preferimos no curar la herida.

Buscamos dopar nuestro dolor con drogas, sexo, dinero. Muchos hasta compramos compañía.

Llega el momento en que lo que realmente necesitamos queda oculto en nuestra adicción.

Nos hace sentir cómodos, valientes, fuera de esta realidad. Nos preguntamos a diario por qué algo tan hermoso al final nos hace daño tambien.

Nos entregamos al vicio sin condiciones.
Callamos nuestra humana necesidad con parches momentáneos.

Todos los humanos necesitamos sentirnos amados y aceptados. Eso sumado a otros problemas nos hace hundirnos.

Estamos acostumbrados a no prestar atención a las causas.
Si nos duele cualquier parte de nuestro cuerpo tomamos algo para quitarlo.

Si tenemos fiebre, tomamos algo para bajarla.
Nunca buscamos atacar la causa, solo calmamos el efecto.
Cuando llega el momento de querer dejar la adicción, nos damos cuenta que caemos, caemos y caemos. Sufrimos por eso y sentimos que estamos en un hueco del cual no podemos salir.

Hay que darse cuenta que toda adicción es sencillamente un efecto y para salir hay que atacar la causa.

Sé Impecable con tus palabras.

Estoy cansado de juzgarme. Cada día me castigo con más severidad. Tengo que entender que cometo errores como cualquier humano.

Es tiempo de recordarme lo hermoso que soy. Gritarle a cualquiera lo mucho que valgo. Sentir que soy más que un pedazo de carne.

Es tiempo de desnudarme frente al espejo y sentirme orgulloso de mí mismo.

Lo que los demás piensan de mí es solo su punto de vista y no tiene que ser la verdad.

Valgo por lo que pienso de mí. Valgo por las palabras bonitas que me digo. Valgo por mis caricias.

El hombre del espejo.

Procedí a colocarme frente al espejo y encontré a un hombre desnudo, de unos veinte años de edad aproximadamente.
Su cuerpo estaba desarrollado por completo.

En su mirada intensa podía notar su dolor. Podía ver sus heridas que no eran físicas sino emocionales. Llegaban a mis oídos los gritos de su alma aunque mantenía su boca cerrada.

Vivia en una cárcel de la cual quería escapar. La horrible cárcel de la vida.

Según había leído el complejo de edipo había sido el causante de todo ese infierno.

De sus ojos comenzaron a brotar lágrimas de soledad. El temor endurecía su mandíbula. Podía sentir lo fría que estaban sus manos aunque no lo tocaba. En sus ojos podía ver lo ansioso que estaba, él deseaba que el ángel de la muerte viniera a buscarlo.

Es curioso lo que puedes ver frente al espejo.

Maldita ilusión

Siempre estuve esperando la textura de tus labios en mi mejilla. Soñaba con que me abrazaras diciéndome «Te quiero». Anhelaba que me enseñaras lo que significaba amar.

Vagos recuerdos de nosotros juntos navegan en mi cabeza.

Uno de esos recuerdos es la única vez que nos bañamos juntos. El agua recorría tu fuerte cuerpo, tus ojos verdes pedían que me acercara ya que mi timidez me gobernaba. Tu inmenso pene me decía que todo cambiaría, que todo seria diferente. Pero no sé que sucedió, todo fue una maldita ilusión. Decidiste darme tu rechazo aunque yo vivía para ti.

Recuerdo que luego de un tiempo decidiste llamarme y mis ojos brillaron de la emoción; pero todo fue una maldita ilusión. Te vi muy delgado, recuerdo que tosias mucho y mi corazón se quebró al verte así. Quería hacer algo por ti, quería curarte pero a mi alrededor solo oia la palabra «leucemia»; no comprendía que significaba pero tenia la ilusión de que su significado me acercara más a ti. Pero todo fue una maldita ilusión, apenas pudiste me alejaste.

Pasaron los años, decidí que mi mente navegara en otros temas, en otras personas. Olvidarte fue mi mejor medicina. Pero otra llamada rompió esa travesía, esa llamada decía «Quiere verte antes de morir».

No me importaba el pasado, solo quería correr a tu lado. Pero cuando llegué solo dijeron «Es muy tarde». Tu ataúd estaba cellado, no pude verte por última vez. Esa fue mi ultima maldita ilusión de estar contigo.

El Monstruo.

Pides mi atención.

Pides que te mire.

Pides que te toque.

Pides que te ame.

Ayer fui tu esclavo pero hoy quiero ser libre.

Siempre me dabas lo que pedía, no lo que necesitaba.

Pedía amor y tú me dabas placer.

Pedía compañía y tú solo decías un «Hola».

Pedía amistad y tú me ofrecías entretenimiento.

Pedías comprensión y tú me brindabas conocimiento.

Quieres renacer cómo el ave fénix, muerdes las cadenas que te impuse. Súplicas a gritos misericordia.

Amas tenerme hipnotizado.

Amas sentir que te necesito para vivir.

Amas ser lo único que me libera.

Amas destruirme.

Lloró para que no tomes control de mi cuerpo. Quiero seguir libre pero estas rompiendo los barrotes de tu celda.

El monstruo está ganando.