Él

Desde que su padre había muerto hace cinco largo años la casa se había llenado de lágrimas y mucho vacío.

 Todavía podía visualizar cuando corría por el pasillo y se dirigía a la puerta para abrazarlo cuando recién llegaba del trabajo. Cuando su padre reía se podía escuchar el sonido en cada rincón de la casa, él era tan mágico, lograba sacar carcajadas a todos sin razón alguna. 

Ese diez de abril la puerta nunca sonó, Sara estuvo largas horas esperando la llegada de su padre. Su madre daba vueltas en la sala llamando a todos los números que sabía debido a su preocupación. Nada sucedió. Los culpables florecian, el tráfico, horas extras, en su desesperación y aunque negandose por completo una amante apareció en su mente. Una llamada llegó y su anuncio destruyó sus vidas. La respuesta fue la menos imaginada. Un conductor dormido que dejó sin vida a todos.

En estos largos años su madre había encontrado una manera de ocultar sus heridas, una botella que la llevaba a otra realidad. Sara tuvo que aprender sola a cuidarse. Aunque era muy doloroso para ella, la esperanza de que pronto todo estaría bien abrigaba su alma. A sus doce años se había dado cuenta que ella se había convertido en la madre y la señora dormida en el sofá en la hija. 

Cierto día un auto se estacionó frente a la casa, su madre fue a gran velocidad y con una emoción que derbordaba y Sara al ver eso no pudo contener y miro por la ventana. Su madre se besaba con un hombre alto y delgado de gran bigote. Él con sus brazos la apretaba contra su cuerpo para tenerla lo más cerca posible. Luego de un rato de platica y más besos comenzaron a caminar a la casa. Al entrar, su madre con gran entusiasmo le presentó a Miguel a su hija. Él tomó su manita, la besó y clavó su mirada en Sara y Miguel procedió a mostrar su complacencia con una gran sonrisa.

Los días pasaban y las visitas de aquel hombre se extendía por días. Aquellos besos en la mano se volvieron abrazos, regalos, besos en las mejillas, palabras al oído. La madre de Sara decidió que lo mejor era que Miguel viniera a vivir con ellas. Ya en la tarde de haberle dado la noticia las maletas estaban en la puerta. Esa misma noche tuvieron una celebración llena de licor y drogas. En su cuarto Sara intentó en muchas ocasiones dormir pero el no tener puerta en su habitación impedía que los sonidos explotaran en sus oídos. En plena madrugada todas aquellas risas se convirtieron en otra cosa, los gemidos que producían ellos causaron muchas incógnitas dentro de Sara, las frases que ellos decían no podía entender que significaban. El no poder comprender que hacían volvía su insomnio más fuerte.

Cada día Sara veía cómo Miguel no era ese rayo de esperanza que sacaría su madre de tanto sufrimiento. Él había comenzado a gritarla y los golpes partes de su día a día. Pero él había logrado quitar la soledad dentro del corazón de su madre y Sara veía cómo su madre creía que aquella violencia solo eran actos de amor. Miguel era todo lo contrario con Sara, con mucha regularidad le decía lo bonita que era, alababa sus cualidades y le gustaba darle caricias. A Sara le incomodaban los acercamientos físicos de Miguel pero para ella era complicado comprender  lo que sucedía porque en sí tener a alguien que le prestara atención luego de cinco años de lejanía de tú madre era muy bonito. 

En una de esas noches de fiestas Sara vio una sombra en la entrada de su cuarto, Miguel la miraba desde hace buen rato. 

– Sé que estas despierta. – Mencionó mientras sé acercaba con torpeza. -Tú madre sé ha quedado dormida en el mueble, creo que ha quedado muy cansada. ¿Podemos hablar? –

Sara asistió con su cabeza mientras se sentaba en la cama. Miguel se sentó a su lado, mientras conversaban él se acercaba poco a poco a ella.

– ¿Podrías guardarme un secreto? – dijo al oído de Sara. 

Ella estaba temblorosa y ese sentimiento aumento cuando él posó su mano en su pierna y con suavidad comenzaba a masajear.

– Tú piel es muy suave – 

Sara intentó retirar la mano pero no pudo debido a la fuerza impuesta por Miguel.

– A tú madre le encanta y seguro pasará lo mismo contigo –

El fondo

El fondo.

Te cansas del tormento, el dolor se hace profundo. Llega ese momento en que ya no puedes hundirte más, el único movimiento posible es salir. Pero no sabes cómo. Es difícil saber en quién confiar. Los caminos se multiplican y se restan. El saber el correcto es sumamente complicado. Hasta la muerte se convierte en una opción.

Te cansas de ese camino. Las lágrimas ya no son suficientes y aunque sabes que no tienes las fuerzas necesarias para salir, sabes que en algún lugar ese pequeño rayo de esperanza que tienes dentro de ti funcionará. Sientes que toda esa decepción dentro de ti debe ser transformadas en otra cosa. En este universo donde todos te han fallado. En este planeta donde nadie ha cumplido sus promesas. Solo quedas tú por levantarte.

Miras a tu alrededor y observas todas esas cosas por las cual vale la pena lucha. Te sientes dolido porque nunca nada ha tenido la suficiente fuerza para ayudarte a salir del hoyo. Dios se muestra mudo y lejano. Los amigos vieron la caída, las conversaciones sobre ella fueron extensas, la criticaron y su decisión fue marcharse. Los enemigos hicieron un festin al verte derrotado. La familia no comprendió y se alejó. El Psiquiatra vio mas fácil colocar en un papel «Clonacepam». Tú no soportabas estar contigo mismo y te abandonaste.  Sería más sencillo irse a un lugar lejano donde nadie te conozca y comenzar de cero o abandonar ese cuerpo lleno de inseguridad. 

Te sientes abrumado, ya no sabes que hacer.

Quizás ya no eres un humano, eres un cuerpo que se mueve por sin rumbo; o con rumbo a la destrucción . No quieres que sea así. No quieres morir. Este no puede ser el final. Pero el dolor a alcanzado inmenzas proporciones. Es necesario descansar. Los años han servido para volverte duro, insensible pero aún el dolor te ahoga. Ya no recuerdas ese ayer, ese momento donde no existía todo este dolor. Ahora te ves en ese maldito espejo y no te reconoces. 

Hay que tomar una decisión pero lo única posible es salir.

Tuve que admitirlo. Me levanté y dije «Sí». 

Estoy hundido en mi adicción. 

Sí pudieran ver dentro de ti, verían lo destruido que estas. Ha sido tan difícil para ti pero de dentro de ti hay esas inmenzas ganas de salir de ese agujero, esa necesidad de ser libre y romper cadenas. 

Para lograrlo necesitaras sudor y sangre.

El analizar todo el daño que has causado a otros no puede igualarse al que se haces a ti mismo. Estas roto. Todas esas lágrimas que fabricaste, esos reproches que has escuchado. Tantos desprecios, tanta lejanía. Nada puede calcular el dolor que sientes. 

Es complicado saber si culparte o a tu adicción. Quizás las peores consecuencias están todavía por llegar. Estas a punto de perderlo todo. Te sientes débil y desamparado.

Necesitas paz y eso solo te lo da la libertad. 

Cada día es un esfuerzo, cada esfuerzo una guerra, cada guerra significa dolor y sangre. Solo un sentimiento tan poderoso como el amor puede ayudarte a salir pero el miedo a volver a salir lastimado es mas fuerte. 

Las manos tiemblan de ansiedad por los momento de abstinencia y por temor de caer de nuevo, parece extraño  pero ya ni conoces tú propio cuerpo. Durante tanto tiempo le diste lo que tú adicción decía que necesitaba pensando que era la mejor manera de hacerlo feliz pero al final solo lo volviste esclavo de tus deseos. 

Para salir del hoyo primero debes dejar de cavar. 

Debes quitarte la venda. Ha sido creado un monstruo dentro de ti. Un monstruo que deseas encerrar pero él solo desea seguir acabando tu existencia. Está hambriento. A su lado estas tú. Un niño que llora por misericordia, por una oportunidad. Él está roto y se le ha quitado lo único que le daba paz y tranquilidad.

Es un titán. Duele luchar contra él. La desesperación te abraza. Temes que vuelva con más fuerza. Duele. Te ahogas, ojalá solo pudieras gritar todo eso que sientes, eso que te ahoga. En ocasiones solo queda cerrar los ojos y viajar entre historias inventadas. Historias que donde tienes el control, donde la felicidad es la única posibilidad. Decides adentrarte, vivir, hacer una vida allí., amar, celebrar. Pero siempre toca despertar y regresar al dolor, la depresión te hunde más. La salida se visualiza más lejana.

El acto.

El acto.

Está llamando. Cada sonido, cada sensación es una invitación. Esa voz se vuelve un inmenzo grito, esos gritos en una pesadilla. Debes hacerlo, es tu destino. Está frente a ti, tan real, tan vivo. Decides ir y entregarte sin pensar en las consecuencias. Las sensaciones van y suben hasta hacerte explotar. Problemas, miedos, pasado, presente y futuro son silenciados. El tiempo decide detenerse. No hay más que ese momento. 

Esa adicción siempre ha tratado de poder, de manipulación. 

Despiertas y te recibe el dolor, rencor. Todo ese glorioso momento hace que choques con la realidad de nuevo. Nunca te das cuenta que en este juego el único que siempre pierde eres tú. Toda esa ventaja que sediste en este tablero te está costando mucho recuperarla. Ese tablero es tu vida y los únicos jugadores son tú y tu adicción. Él lanza sus fichas y te mira con atención, sonríe al ver tu reacción. 

Parte de todo es intentar escapar y sentirte más capturado. Las cadenas son fuertes y pesadas. Todo está tan oscuro, frío, triste.

Duele, arde. Las lágrimas son compañía. Un ser herido y enfermo grita dentro de ti. ¿Puedes oírlo?, ¿Puedes sentirlo? Allí está , se ahoga. Alma y espíritu se  vuelven uno. Cada día es muerte. Cada caída se vuelve un infierno. Te cambia, se vuelve insoportable. 

Está llamando. Te promete llenar todos tus vacíos, eliminar tristezas. Sus promesas no tienen limites. Quizas es todo poderoso. Es más sencillo creerle, decides lanzarte a sus brazos. Conoces el resulltado pero es imposible rechazar su hipnotizante llamado. Te conviertes en su prostituta. Eres usada y desechada, usada y desechada. Pierdes todo valor. Mueres cada día un poco más.

Tus sentidos se encienden al máximo; cada sabor, olor o textura incita ese fuerte deseo de caer, pide a gritos tropezar de nuevo. La llama interior aumenta, el corazón se acelera. El cuerpo reacciona involuntariamente. La cordura parece un barco golpeado por violentas olas. Mis pensamientos no ayudan, siguen a su líder. Todo se dirige a lo que quiero evitar. 

Es una lucha de mente y espíritu. 

Las derrotas dejan heridas muy profundas. La costumbre hace que no duelan.

Vives a merced del dolor.

Cuando intentas dejarlo el malestar es terrible. Los deseos de morir se muestran como una salida más sencilla.

Será que el pensar que lo que te ofrece la adicción es tan hermoso que el mero hecho de escucharlo se vuelve irresistible no tenerlo. Un calmante inmediato para el dolor, un contador infalible. ¿Es eso todo?

La caída.

La caída .

El simple hecho de pensar en caer es atrayente, seductor. La costumbre lo hace menos doloroso. Una vez al mes se vuelve tres veces al día. El decir «No» se vuelve casi imposible. Sin darte cuenta estas allí, es inexplicable. Te miras al espejo y sabes que estas atrapado. Ese espejo te denuncia. Entregarte por completo es un consejo que se pasea por tu mente.

Está oscuro. El frío congela tus huesos. El silencio te deja sordo. La soledad quema.

Muy dentro sientes que estas atrapado porque te lo mereces. La culpa decide visitarte.
Haces recuento de todos los factores que llevaron este momento. Visualizar dónde comenzó es inalcanzable, contarlos una tarea titánica. Familiares, amigos, cocicidos ,jefes. Todos salen a relucir. El alma se destroza, dice que es momento de parar. Ves a tu derecha y a tu izquierda. No hay nadie, poco a poco haz perdido todo, hasta te haz perdido tú. Lagrimas salen a saludarte. Hay algo quebrado dentro de ti, algo que grita por ayuda, algo que grita por expiación, por una oportunidad.

En ocasiones todo se trata de silenciar el dolor, en el espejo la desesperación es tu gobernante. Mientras para muchos solo eres el protagonista de un espectaculo romano para ti cada sensación es un universo distinto.

No sabes dónde comenzó ni dónde terminará.

El saber

Quizás porque estés a lo lejos, quizás porque la vida sea más simple para ti o quizás la vida no sea tan buena para los dos, pero tú y yo sabemos que en el fondo, muy en el fondo, estamos conectados. Más que por la profundidad estamos conectados por este sentimiento, tú lo sabes, yo lo sé, ambos lo Sabemos. .

Lucha

Luchar es un proceso obligatorio. El hambre de no dejarse vencer late en tus venas. La vida no es aquel hermoso camino directo al cofre de oro. En toda esa lucha hay que aprender a colocarse en primer lugar. Morder, arañar, gritar hasta que tu seas la única opcion, si das la oportunidad, aprovecharán tu debilidad para hacerse grandes.

Encuentras momentos para llorar, la resignación te visita y decide aconsejarte, aquellas largas meditaciones sobre todo lo que ha ocurrido se vuelven insostenibles.

Pero debes levantarte y comenzar a luchar.

Ronquidos

El estruendoso sonido de tu profundo sueño me avisa que nada está bien. Oir la paz que respiran sus almas. Ver como Morfeo los acepta dandoles su bendición es terrorifico.

Yo miro a los lados sin encontrar seguridad, no puedo nisiquiera llorar. Mi dolor es terrible, se agudiza a pasos agigantados.

Se ve tan facil el proceso de cerrar los ojos y rendirse ante el sueño. Para mi eso es una tarea titanica. Él huye de mi, me hace sufrir sin mostrar nada de compasión.

Ojalá fuera un robot y tuviera el boton apagar.