El infierno

Las llamas quemaban su piel. Aunque sentía el horrible ardor, sentía que su piel no se consumían.

Se veia desdichado. No sabia si se lo había ganado o era una mala jugada del destino. Solo deseaba salir de allí.

Ninguna de sus lágrimas, ni gritos paraban aquel infierno.

No había misericordia para él. No había paz en su interior.

Aunque apretaba sus dientes, su angustia incrementaba.

El miedo de ver su alrededor le obligaba a cerrar los ojos.

En medio de todo eso pudo oír un grito a su lado derecho. Luego otro a su lado izquierdo.

Uno parecía el de una chica y otro el de un chico.

Él usó toda su fuerza de voluntad para abrir sus ojos y se sorprendió con lo que observó.

Él no era el único en ese infierno. Habían más.
No era el único que sentía todo eso. Junto a él, en ese inmenso planeta había millones sufriendo.

Los dolores de ellos eran distintos, pero todos cargaban una pena. Algunos decidían ignorarla, otros se dejaban consumir por ella.

Allí, él se dio cuenta que en sus manos estaba la decisión sobre cómo viviría de ahora en adelante.

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Mansa paloma

Odio que me llames solo cuando me necesitas.

Odio que me busques cuando tienes problemas.

Suelo ser invisible para ti. Olvidas mi existir.

Vienes como mansa paloma pero apenas obtienes lo que necesitas me das la espalda y me tratas como perro callejero.

Me tienes cómo tu bastón pero yo nunca puedo contar con tu presencia. Tus problemas necesitan solución oportuna pero a los mios debo dejar que el tiempo los solucione.

Así es nuestra relación.

Sentirnos

Ella tomaba mi brazo con fragilidad, no podía pronunciar ni una palabra, su enfermedad no se lo permitía.

Podía sentir como sus energías se terminaban. Las lágrimas eran reprimidas para no derrumbar la poca entereza que en nuestros cuerpos se hallaba.

Caminábamos por aquel largo y frío pasillo. Ambos estabamos destruidos.

Ella deseaba sanar mis heridas. Yo deseaba intercambiarme con ella pero no tenia el poder para hacerlo.

Estabamos en situaciones distintas. Nos encontrabamos en polos opuestos. Yo sufría de depresión y nadie creía que eso fuera una enfermedad, ella tenia cáncer y ya era terminal.

Eramos tan diferentes pero por una extraña razón sabíamos cómo nos sentíamos.

Es complicado explicar ese momento, cuando dos almas tienen una conexión que solo ellos puedes sentirla. Cuando no hay necesidad de palabras. Lo único que es necesario es la inmensa empatia que rompe el plano físico y llega a lo espiritual.

Sabia que ella no tenia fuerzas pero el saber que estaba dispuesta a gastarla en mí, era el gesto más hermoso de este planeta.

Los dos queríamos descansar de este infierno que se llama «Vida». Ella logró descansar y yo sigo esperando el momento en que pueda besar a Morfeo y dormir en sus brazos por la eternidad.