Sagrada familia.

Ese sitio seguro.

No hay nada como él.

Eso de levantarse con el pie derecho son palabras vanas. El día no ofrece nuevas oportunidades.

Desánimo.

Pienso en la ardua decepción de saber que ese lugar que debería ser el mas cálido resulto ser el maldito palo norte. La falta de caricias. La ausencia de un «Te amo». Improperios es lo que llega a mi cabeza.

Desde pequeños intentan llenarnos de una deuda. Debemos pagarla aunque no recordamos el momento en que la adquirimos. Debemos la vida, debemos la crianza. Es su arma mortal en contra de nuestros reclamos.

Recuerdo cuando decidí buscar ayuda. No la encontré en ningúno de esos brazos conocidos.  Me pregunté cómo es posible que las palabras de un libro brinden mas amor.

Era tan complicado para ellos ver mis esfuerzos por hacer las cosas bien. Un poco de comprensión es imposible.

Es tan triste verme al espejo y sentir que lo único que pedí desde pequeño fue amor.

En ocasiones me pregunto por qué cometo tantos errores. Pero cómo no cometerlos si todo lo aprendí por cuenta propia. Aprendí con dolor, aprendí con fracasos, mentiras, abandono, intentándolo mil veces, aferrándome a cosas que me hacen daño.
Es complicado liberarse del dolor cuando no he conocido otra cosa aparte de eso.