Mi poesía eras tú.

Yo esperaba tu respuesta, imaginaba otra realidad.

Revisaba los mensajes a diario pensaba que podrías contestar. Decidí creer en las fantasías y cuentos de hadas que me contaba mi madre. En todas las poesías que leía, mi mente dibujaba tu mirar. Lloraba, pedia aunque sea una señal.

Es horrible vivir de sólo esperar. Quizás hoy, puede ser mañana y existe el nunca pasará. El tiempo no pasa en vano, el deja sus marcas, cosas que jamás olvidaras. He dejado de creer en la mentira de que el tiempo cura todo. Ahora creo que la distancia es necesaria para mi vida.

Necesito esos mil kilómetros lejos lejos de ti. Voy a invertir esos mil años tratando de sobrevivir sin tu amor. Es tiempo de partir. Di hasta lo imposible. Renuncié a mi vida por ser parte de la tuya. Mi poesía era tú, ahora eres un cruel cuento el cual debe terminar.

Choque de miradas.

No es necesario tocarnos para sentirnos. Cuando nuestras miradas se hablan el tiempo se para.

Siento como me llamas, tus ojos me demuestran que me quieres.

Ayer pasó algo extraño. No sé si tu mirada era de odio o de celos. Solo te noté inquieta. Me mirabas desconcertada. Sé que querías correr a defender tu territorio.

Me sentí importante, interesante, poderoso. Sentí todo lo que soy para ti. Me hiciste sentir feliz florecita. Vi tu amor, tu irritación.

Ahora quiero correr a tu lado pero debo aguantar.

Fui cruel pero fue necesario.

Aunque no pueda hablarte con solo vernos nos besamos, siento tus delicados, dulces, tiernos y delgados labios.

No necesitamos hablarnos para demostrarnos lo mucho que nos queremos.

Tu secreto.

Me cansé de estar en secreto.

Sólo quiero ser el dueño de tus besos. Nuestro tiempo aquí no es eterno, no debemos esperar que llegue el ultimo momento.

El reloj suena. El frio se vuelve parte de nosotros. Correr a tu lado parece la única opción.

En el fondo sé que conoces mi identidad, soy tu secreto a voces.
Soy un pobre cobarde que no se atreve a gritarte todo lo que siente.

Teme tu rechazo. Moriría de dolor si dices que no.

Prefiero vivir de ilusiones que morir en tu verdad.

La Playa.

Hace diez años conocí a una chica muy especial. Y aunque ha pasado mucho tiempo todavía me pregunto cómo pudo suceder que con sus palabras mi alma lograra enloquecer.

Las olas danzaban en aquella playa en que tus labios conocí. Seria inútil si aquella playa intentara describir. Era un día hermoso, no lo interrumpía ninguna duda ni pasado gris.

En la inmensidad de esa orilla llena de arena, no existía roca capaz de detener nuestro amor. Mis manos no dejaban de maravillarse con la suavidad de tu espalda, ellas soñaban con el momento de seguir bajando y posarse en tus nalgas.

Entramos al mar y las olas nos separaban pero nuestras manos insistían en reencontrarse.

Allí mojados no podía separarte de mis brazos. Cuantas historias imaginamos. Cuantos futuros inventamos, quizás con tres hijos y dos gatos.

Recuerdo cuantas canciones nos dedicamos al oído. No se atrevía a molestarnos ningún ruido. Canciones sobre amor y esperanza pero nunca de olvido. Es que no queríamos ni imaginar ese suicidio.

Por nuestra mente nunca pasó que esto acabara y menos que ese inmenso tsunami con la nuestro terminara. Estaba ahogado, no podía mirar sí estabas mi lado. Me asusté al no encontrarte.

Comencé a nadar sin rumbo, me hundí como un buzo. Solo quería encontrarte.

Nadé y nadé pero aunque gasté todas mis energías no te encontré. Comencé a gritar pidiendo auxilio pero a nadie hallé.

Así pasaron los días, de lunes a viernes, de enero a diciembre. Decidí hacer una casita en aquella playa para esperar con comodidad el día en el que el mar te regrese.

Ya han pasado diez años y aun sigo aquí sentado. Ya me han salido algunas canas y gasté todo lo que habíamos ahorrado. Ya estoy perdiendo la esperanza de volver a besar tus labios.

La Playa.

Hace diez años conocí a una chica muy especial. Y aunque ha pasado mucho tiempo todavía me pregunto cómo pudo suceder que con sus palabras mi alma lograra enloquecer.

Las olas danzaban en aquella playa en que tus labios conocí. Seria inútil si aquella playa intentara describir. Era un día hermoso, no lo interrumpía ninguna duda ni pasado gris.

En la inmensidad de esa orilla llena de arena, no existía roca capaz de detener nuestro amor. Mis manos no dejaban de maravillarse con la suavidad de tu espalda, ellas soñaban con el momento de seguir bajando y posarse en tus nalgas.

Entramos al mar y las olas nos separaban pero nuestras manos insistían en reencontrarse.

Allí mojados no podía separarte de mis brazos. Cuantas historias imaginamos. Cuantos futuros inventamos, quizás con tres hijos y dos gatos.

Recuerdo cuantas canciones nos dedicamos al oído. No se atrevía a molestarnos ningún ruido. Canciones sobre amor y esperanza pero nunca de olvido. Es que no queríamos ni imaginar ese suicidio.

Por nuestra mente nunca pasó que esto acabara y menos que ese inmenso tsunami con la nuestro terminara. Estaba ahogado, no podía mirar sí estabas mi lado. Me asusté al no encontrarte.

Comencé a nadar sin rumbo, me hundí como un buzo. Solo quería encontrarte.

Nadé y nadé pero aunque gasté todas mis energías no te encontré. Comencé a gritar pidiendo auxilio pero a nadie hallé.

Así pasaron los días, de lunes a viernes, de enero a diciembre. Decidí hacer una casita en aquella playa para esperar con comodidad el día en el que el mar te regrese.

Ya han pasado diez años y aun sigo aquí sentado. Ya me han salido algunas canas y gasté todo lo que habíamos ahorrado. Ya estoy perdiendo la esperanza de volver a besar tus labios.