El hombre del espejo.

Procedí a colocarme frente al espejo y encontré a un hombre desnudo, de unos veinte años de edad aproximadamente.
Su cuerpo estaba desarrollado por completo.

En su mirada intensa podía notar su dolor. Podía ver sus heridas que no eran físicas sino emocionales. Llegaban a mis oídos los gritos de su alma aunque mantenía su boca cerrada.

Vivia en una cárcel de la cual quería escapar. La horrible cárcel de la vida.

Según había leído el complejo de edipo había sido el causante de todo ese infierno.

De sus ojos comenzaron a brotar lágrimas de soledad. El temor endurecía su mandíbula. Podía sentir lo fría que estaban sus manos aunque no lo tocaba. En sus ojos podía ver lo ansioso que estaba, él deseaba que el ángel de la muerte viniera a buscarlo.

Es curioso lo que puedes ver frente al espejo.

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Sentirnos

Ella tomaba mi brazo con fragilidad, no podía pronunciar ni una palabra, su enfermedad no se lo permitía.

Podía sentir como sus energías se terminaban. Las lágrimas eran reprimidas para no derrumbar la poca entereza que en nuestros cuerpos se hallaba.

Caminábamos por aquel largo y frío pasillo. Ambos estabamos destruidos.

Ella deseaba sanar mis heridas. Yo deseaba intercambiarme con ella pero no tenia el poder para hacerlo.

Estabamos en situaciones distintas. Nos encontrabamos en polos opuestos. Yo sufría de depresión y nadie creía que eso fuera una enfermedad, ella tenia cáncer y ya era terminal.

Eramos tan diferentes pero por una extraña razón sabíamos cómo nos sentíamos.

Es complicado explicar ese momento, cuando dos almas tienen una conexión que solo ellos puedes sentirla. Cuando no hay necesidad de palabras. Lo único que es necesario es la inmensa empatia que rompe el plano físico y llega a lo espiritual.

Sabia que ella no tenia fuerzas pero el saber que estaba dispuesta a gastarla en mí, era el gesto más hermoso de este planeta.

Los dos queríamos descansar de este infierno que se llama «Vida». Ella logró descansar y yo sigo esperando el momento en que pueda besar a Morfeo y dormir en sus brazos por la eternidad.

El Monstruo.

Pides mi atención.

Pides que te mire.

Pides que te toque.

Pides que te ame.

Ayer fui tu esclavo pero hoy quiero ser libre.

Siempre me dabas lo que pedía, no lo que necesitaba.

Pedía amor y tú me dabas placer.

Pedía compañía y tú solo decías un «Hola».

Pedía amistad y tú me ofrecías entretenimiento.

Pedías comprensión y tú me brindabas conocimiento.

Quieres renacer cómo el ave fénix, muerdes las cadenas que te impuse. Súplicas a gritos misericordia.

Amas tenerme hipnotizado.

Amas sentir que te necesito para vivir.

Amas ser lo único que me libera.

Amas destruirme.

Lloró para que no tomes control de mi cuerpo. Quiero seguir libre pero estas rompiendo los barrotes de tu celda.

El monstruo está ganando.

David y Goliat

Trato de ser fuerte y no lo logro.

Soy una lágrima que intenta ser imparable como el mar. Soy un suspiro que trata de ser impetuoso como el viento. Soy una pequeña ancla sosteniéndose con fuerza para luchar contra la angustiosa tormenta. Soy una cucaracha que lucha para sobrevivir a la pisada de un elefante. Quizás soy un David que intenta exterminar a mi Goliat.

Debo aceptar lo que soy.

Debo aceptar mi inminente muerte.

Debo dejar que este dolor me consuma, quizás algún día todo esto termine.