La hipnosis de tus labios.

Cuando creia conocer lo magnífico del oceano, las delicadas formas de cada montaña, la hermosura de la inocencia de un niño, la calidez de un te amo, el sentirme poderoso, cuando creia conocer todo lo hermoso allí llegaste tú con tus labios.

Hipnotizandome.

Las flores comenzaron a reclamarme por lo perfecto y delicado que es el color del que estan hechos. No supe contestar.

A los lejos las montañas criticaban la forma de tus labios, decían que eran artificiales, productos de la intervención del hombre. No supe contestar.

Ya mis días no volvieron a ser iguales. Nada se compara a tus labios. Todo me parece aburrido, sin magia, monótono.

Me pregunto el por qué. No supe contestar.

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Barranquillera.

El calor es parte de ella. Le encanta hacerle saber a los demás que tiene algo que tiene todos desean.

Mueve el cuerpo al ritmo de una canción que de forma subliminal invita al sexo.

Mira a los ojos a su víctima sabiendo que es inevitable escapar.

En medio de sus piernas hay dos labios esperando ser besados. Ama dejar poco a la imaginación. Sube sus dedos a través de sus piernas invitando al placer.

Ella sabe lo que causa en el sexo opuesto. Le fascina enseñar su piel; usa decote intentando subir la temperatura del espectador, apenas cubre hasta debajo de sus muslos invitando a cualquier incauto a caer en sus redes.

Así es ella. Ama ser admirada. Ama ser deseada. Ama la sensualidad.

Así son las mujeres de Barranquilla (Colombia).