El acto.

El acto.

Está llamando. Cada sonido, cada sensación es una invitación. Esa voz se vuelve un inmenzo grito, esos gritos en una pesadilla. Debes hacerlo, es tu destino. Está frente a ti, tan real, tan vivo. Decides ir y entregarte sin pensar en las consecuencias. Las sensaciones van y suben hasta hacerte explotar. Problemas, miedos, pasado, presente y futuro son silenciados. El tiempo decide detenerse. No hay más que ese momento. 

Esa adicción siempre ha tratado de poder, de manipulación. 

Despiertas y te recibe el dolor, rencor. Todo ese glorioso momento hace que choques con la realidad de nuevo. Nunca te das cuenta que en este juego el único que siempre pierde eres tú. Toda esa ventaja que sediste en este tablero te está costando mucho recuperarla. Ese tablero es tu vida y los únicos jugadores son tú y tu adicción. Él lanza sus fichas y te mira con atención, sonríe al ver tu reacción. 

Parte de todo es intentar escapar y sentirte más capturado. Las cadenas son fuertes y pesadas. Todo está tan oscuro, frío, triste.

Duele, arde. Las lágrimas son compañía. Un ser herido y enfermo grita dentro de ti. ¿Puedes oírlo?, ¿Puedes sentirlo? Allí está , se ahoga. Alma y espíritu se  vuelven uno. Cada día es muerte. Cada caída se vuelve un infierno. Te cambia, se vuelve insoportable. 

Está llamando. Te promete llenar todos tus vacíos, eliminar tristezas. Sus promesas no tienen limites. Quizas es todo poderoso. Es más sencillo creerle, decides lanzarte a sus brazos. Conoces el resulltado pero es imposible rechazar su hipnotizante llamado. Te conviertes en su prostituta. Eres usada y desechada, usada y desechada. Pierdes todo valor. Mueres cada día un poco más.

Tus sentidos se encienden al máximo; cada sabor, olor o textura incita ese fuerte deseo de caer, pide a gritos tropezar de nuevo. La llama interior aumenta, el corazón se acelera. El cuerpo reacciona involuntariamente. La cordura parece un barco golpeado por violentas olas. Mis pensamientos no ayudan, siguen a su líder. Todo se dirige a lo que quiero evitar. 

Es una lucha de mente y espíritu. 

Las derrotas dejan heridas muy profundas. La costumbre hace que no duelan.

Vives a merced del dolor.

Cuando intentas dejarlo el malestar es terrible. Los deseos de morir se muestran como una salida más sencilla.

Será que el pensar que lo que te ofrece la adicción es tan hermoso que el mero hecho de escucharlo se vuelve irresistible no tenerlo. Un calmante inmediato para el dolor, un contador infalible. ¿Es eso todo?

Sagrada familia.

Ese sitio seguro.

No hay nada como él.

Eso de levantarse con el pie derecho son palabras vanas. El día no ofrece nuevas oportunidades.

Desánimo.

Pienso en la ardua decepción de saber que ese lugar que debería ser el mas cálido resulto ser el maldito palo norte. La falta de caricias. La ausencia de un «Te amo». Improperios es lo que llega a mi cabeza.

Desde pequeños intentan llenarnos de una deuda. Debemos pagarla aunque no recordamos el momento en que la adquirimos. Debemos la vida, debemos la crianza. Es su arma mortal en contra de nuestros reclamos.

Recuerdo cuando decidí buscar ayuda. No la encontré en ningúno de esos brazos conocidos.  Me pregunté cómo es posible que las palabras de un libro brinden mas amor.

Era tan complicado para ellos ver mis esfuerzos por hacer las cosas bien. Un poco de comprensión es imposible.

Es tan triste verme al espejo y sentir que lo único que pedí desde pequeño fue amor.

En ocasiones me pregunto por qué cometo tantos errores. Pero cómo no cometerlos si todo lo aprendí por cuenta propia. Aprendí con dolor, aprendí con fracasos, mentiras, abandono, intentándolo mil veces, aferrándome a cosas que me hacen daño.
Es complicado liberarse del dolor cuando no he conocido otra cosa aparte de eso.