El inmigrante volvió.

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Acabo de regresar a mi país (Venezuela). Miles de moscas me rondan. Conozco sus intensiones. Piensan que traigo mucho dinero del extranjero. Ven que traigo celular nuevo y sus ojos salen de su órbita.

Idiotas.

No saben que traigo algo mas importante.

Me traje a mí mismo.

Ser inmigrante no es un cuento de hadas. El sueño americano es una mierda.
Afuera obtuve más enseñanzas que dinero.

Aprendí el verdadero valor del duro trabajo. A comprar cosas sudándomelas hasta el cansancio.

Aprendí el verdadero valor de tenerme a mí mismo. A reír de mis victorias, a consolarme mis derrotas.

Conocí las caras de la hipocresía. Ese «hermano» que su único propósito es chuparte como sanguijuelas.

Vi lo que significa dar sin esperar nada a cambio. Conocí que el verdadero amor no se encuentra únicamente en una pareja. Recuperé la esperanza en la humanidad.
Conocí el capitalismo, el consumismo. Ya puedo juzgar con bases y no solo de oídas.

Mi vocabulario aumentó en gran manera.

Aprendí que no necesitas ser millonario para ser hospitalario. Con un vaso de agua basta.

Vi mi verdadero poder.

Me atreví a invitar a una chica a salir y acepto.

Deje a mi pasado atrás por un momento.

Personas que no me conocían me enseñaron lo que es el verdadero amor.

Lloré al despedirme por primera vez.

Lloraron por mi.

Dije muchas groserías sin sentirme mal.

Alquilé mi primera casa. Compré mis primeros enseres. Sentí lo que es decir «Esto es mío».

Di el máximo y triunfé.